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Petroglifos Vacas Muertas o del Toro

6659 bytes añadidos, 19:02 19 abr 2025
Jornada dos: Refugio Casalata - Petroglifos - Refugio Casalata
===Jornada dos: Refugio Casalata - Petroglifos - Refugio Casalata===
Desde el refugio Casalata se debe buscar el cauce de la Quebrada El Toro, que en este punto se ha expandido en varios brazos, el primero de ellos bastante cerca. Hay un sendero que pasando bajo un manzano y un peral llega en pocos metros al lecho del cauce.
En la época que se realizó la ruta la presencia de agua era muy escasa, por lo que el siguiente tramo se pudo realizar en una forma casi recta, ya que el cruce de los brazos era tan sencillo que en ningún momento hubo que mojarse los pies; es posible que en primavera o comienzo de verano, sea necesario buscar los mejores lugares para vadear. En esta parte de la ruta no existe un sendero, se debe caminar por el amplio cauce del estero, en una diagonal a la derecha, acercándose al primer afluente que se observa llegar por el costado opuesto: la Quebrada Vacas Muertas.
 
En menos de un kilómetro se debe sobrepasar la confluencia de ambos cauces, después de lo cual se debe proseguir por toda la orilla derecha, (Norte), de la Quebrada El Toro. Hay que estar atento a ese costado a un ingreso al bosque aproximadamente cien metros después de sobrepasar la Vacas Muertas, (waypoint senda der). Apenas se ingresa al bosque se encuentra la senda, pequeña pero bien definida.
 
Siguiendo por ella casi de inmediato se sale del bosque ingresando a sectores con vegetación arbustiva. El sendero comienza a ascender siguiendo el curso de la quebrada Vacas Muertas pero un poco retirado de ella. Hay que estar atentos pues el trazado de la senda es muy tenue y es fácil perderte si se descuida: no hay ningún tipo de señalización y en algunas partes algunas ramas obstruyen el paso, pero la senda es siempre visible a nivel del suelo.
 
Pronto la subida se torna pendiente y pedregosa, ganando altura rápidamente mientras comienza a observarse una buena panorámica de la Quebrada El Toro en el sector del refugio Casalata. Al cabo de unos cuatrocientos metros de ascenso la senda gira a la izquierda alejándose del cauce y enfilando hacia el cerro; unos trescientos metros después termina la subida.
 
Al llegar a la parte alta el sendero se desdibuja un poco: se debe continuar por el borde derecho de la planicie y resulta fácil volver a encontrarlo. El siguiente tramo comienza casi plano, pero pronto va comenzando un suave descenso en diagonal, volviendo a acercarse al curso de la Vacas Muertas. Se va dejando la vegetación arbustiva y se vuelve a ingresar al bosque donde hay algunos tramos confusos, pero la dirección es obvia y pronto reaparece la senda.
 
Unos ochocientos metros después de culminar el ascenso, se llega nuevamente el curso de agua y se cruza. El vado a comienzo de otoño fue muy fácil, prácticamente un solo paso; posiblemente en otras épocas sea un poco diferente pero no debería ser muy difícil. Al otro lado debe buscarse el sendero unos metros arriba de la orilla, donde reaparece con un trazado más o menos claro, lo suficiente para seguirlo sin descuidarse.
 
Unos doscientos metros más adelante del cruce de la quebrada se pasa el cauce de otro afluente, seco en la temporada que fue llevada a cabo esta caminata, pero posiblemente con agua en primavera o comienzo de verano. De cualquier manera es un cruce sencillo, después del cual la senda vuelve a salir del bosque a terreno pedregoso, pudiendo observarse los inmensos cerros que flanquean la Vacas Muertas.
 
Tras otros doscientos metros, el sendero ingresa a un pequeño parche de bosque que se encontró muy cerrado por vegetación espinosa: se prefirió rodearlo por la parte superior, un tramo con grandes piedras de acarreo, no muy complicado para cruzar. Son un poco más de cien metros después de los cuales, al terminar el bosque, se buscó nuevamente la senda, pero no se encontró, siguiendo por la orilla de la quebrada sin senda definida, pero sin ningún obstáculo.
 
Antes de doscientos metros comienza a observarse al otro costado, un afluente que desciende formando una sucesión de cascadas. Hay que volver a cruzar la Vacas Muertas cerca a la desembocadura de este afluente, o poco después de ella, para comenzar a ascender por el costado norte del arroyo de las cascadas. El cruce nuevamente fue en extremo sencillo, sin mojarse los pies, pero seguramente en épocas de mayor caudal sea necesario ingresar al agua.
 
A esta altura la senda casi a desaparecido, pero debe subirse en dirección a los dos únicos árboles que se observan en la madera. El terreno es pedregoso y con poca vegetación, de modo que el ascenso no es difícil aunque si un poco empinado.
Unos metros arriba de los árboles se vuelve a encontrar el sendero, en un punto muy oportuno: un claro surco bien demarcado sirve para cruzar una inclinada ladera de acarreo, bastante resbalosa. Son solo unos cien metros, hasta que se llega a una hondonada por dónde baja un pequeño arroyito: allí desaparece por completo la senda.
 
Son menos de cincuenta metros, pero este es el tramo más complejo de la ruta: no se encontró ningún rastro de senda, mientras la pendiente es fuerte y el terreno resbaloso. Se bajó unos pocos metros para acercarse al pequeño cauce tratando de afirmarse con la escasa vegetación existente, y la subida al otro lado se realizó casi en cuatro patas, sujetándose de arbustos o hierbas. Un poco después un par de pequeños robles sirvieron para dar más firmeza al ascenso.
 
Tras sobrepasar el trayecto crítico se reencontró un esbozo de senda que continúa subiendo por terreno pedregoso, todavía un poco inestable pero con menor inclinación. Es un sendero muy tenue y fácil de perder, pero lo importante es tratar de acercarse a la quebrada de las cascadas, buscando el terreno más apropiado para ello.
 
Aproximadamente en trescientos metros, se llega a una zona relativamente plana, donde ya es posible acceder hasta el curso de agua. Poco antes de llegar al cauce hay a la derecha una gran roca lisa, sobre ella, en el extremo opuesto a la quebrada, se deben buscar los petroglifos distribuidos en varios puntos de su superficie: varias figuras entre las que destacan varias manos, pies y círculos dibujados.
 
Después de visitar los petroglifos es posible acercarse a las cascadas más cercanas: casi de inmediato se encuentra una de ellas, hasta cuyo pozón es posible descender. Subiendo menos de doscientos metros se sobrepasa un salto más pequeño, arriba del cual se cruzó el cauce: un solo paso largo en otoño, seguramente en otra época sea necesario ingresar al agua. Ascendiendo cerca de cien metros por la orilla opuesta, se llega a la última cascada, (la superior), con un agradable pozo para refrescarse antes de emprender el retorno.
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