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Sus bisabuelos son variados: jazz, R&B, mento (un tipo de folklore jamaiquino) y calipso, un ritmo afrocaribeño nacido a principios del siglo XX en Trinidad y Tobago (el calipso proviene a su vez del kaiso, el tatarabuelo, que provino de la actual Nigeria, origen de buena parte de los esclavos americanos, pero esto ya son excesos genealógicos).
Esta promiscua ensalada sonora tomaba lugar en esa ínfima peca en el océano que es Jamaica. Con 11 mil km2, la isla es tan diminuta que no podría soportar una población de más de 57 pumas macho en estado salvaje. Imagine que en los Juegos Olímpicos de 2016, Jamaica obtuvo 113 veces más medallas de oro por unidad de superficie que el ganador, Estados Unidos (y 491 veces más que Rusia, pero eso ya es pura crueldad).
Abuelito ska engendró a papi rocksteady, que vio la luz allá por en 1966. Manteniendo muchas de las características del ska, el rocksteady bajó un poco las revoluciones. El tempo se volvió algo más parsimonioso y el baile menos energético. Esto dio rienda suelta para experimentar con acentos fuera de pulso (offbeat). Con ello, el rocksteady había dado a luz a su sucesor, que a partir de la idea de andrajos (en inglés rags) fue llamada reggae. En 1968, Toots & the Maytals publicaron Do the Reggay, asentando el nombre en la industria.
El nuevo estilo cruzó rápido el Mar Caribe. Hold Me Tight, del estadounidense Johnny Nash, subió a la quinta posición de ventas ese mismo 1968. El Atlántico tampoco ofreció resistencia. Ese mismo año los Beatles compusieron Ob-La-Di, Ob-La-Da que parte con “Desmond has a barrow in the market-place”. Esa frase recuerda a Desmond Dekker, la primera estrella de reggae de corte mundial, antes que Bob Marley eclipsara todo. La versión rápida Ob-La-Di, Ob-La-Da fue un subproducto de la marihuana que fluía por la sangre de Lennon, recordará usted, el estado de ánimo adecuado para homenajear al reggae.
